Te quiero
como despiertan las calles,
cuando entre el murmullo
de a poquito
se van llenando de vida
Te quiero con mi frágil sospecha,
con la simple intuición de la tarde
de que al final del día
estarás al otro lado de la mesa.
Te quiero así, sin gastar juramentos,
sin garantías ni cláusulas
de las que se dicen: solo por si acaso,
sin itinerarios de grandes mares
ni destinos lejanos
que nunca son, al final,
lo que han prometido.
Te quiero aquí,
en las pocas cuadras que tus ojos
y mis ojos conocen,
en esta casa unas veces prestada,
bajo la lluvia que un día contemplamos
y que otro día, desprevenidos,
se nos cuela por la ventana.
Te quiero con esa esperanza ligera,
de las que hoy uno siembra
para ver qué milagro
nos sorprende mañana.