Algún día cruzaré la calle sin mirar a nadie,
y ese día podría ser el fin de nada.
Te dejo las muecas de mi cara,
espero no te quemes con mi humor.
Cortaré la soga de mi cuello con mis dientes.
Voy a huir del fuego ardiente,
no quiero electrocutarme
con tus versos ausentes.
Cínicamente tatuaré tus letras
con la maña de copiarle a otros
y recordarte en el olvido.
Te dejo mis quejas.
Dejo la puerta entreabierta,
Por si la luna muestra una nueva cara.