Quisiera arrancarme el nombre
y dejarlo junto al espejo,
cortarme el pelo, la sombra,
todo aquello que me hace ser yo.
No soporto mi rostro,
mi voz me resulta ajena;
mis piernas son dudas,
mis manos, pequeñas condenas.
Qué ironía la belleza:
todos la encuentran en mí,
pero yo miro mi reflejo
y no sé qué logran ver.
Me siento demasiado cuerpo,
demasiada piel, demasiado espacio;
quisiera habitar otra forma,
desconocer hasta mis propios rasgos.
Y no sé si quiero ser bonita
o dejar de ser quien soy,
si cambiaría mi apariencia
o si cambiaría la mirada
con la que me destruyo en silencio.
Qué extraño existir
dentro de alguien
a quien nunca elegiría ser.
M.I.B.