Tenía el hábito
de la transparencia.
Habitaba la penumbra,
transponía las puertas
a nado.
Su ser no mordía
la sombra
ni la luz lo masticaba.
Si alcanzaba la ventana,
la pupila
ya se había marchado.
Era un prototipo,
la chance que murmura.
Para ver multitud
miraba bizco al espejo.
Su cuerpo era un señuelo
con lumbalgia.
Su acción más temeraria
fue un traspié.
Escribió sus memorias:
un pasillo bastó.