Es eco persistente
y que no acaba,
que martillea el yunque
con su acero,
es esa grande
o pequeña historia
que resbala por paredes de memoria.
Es el recuerdo
un peso sin balanza,
una piedra
que se incrusta en el calzado,
un golpe de viento que desplaza
y frena,
de golpe,
al caminante.
Golpe a golpe,
tañen las campanas del recuerdo
llamando a la reunión con el pasado,
cubriendo de sonidos al silencio.
Como una hoja del libro
que se arranca
y se guarda en el bolsillo,
dejando un resto,
un trozo de papel.
Un papel roto que se pega con celo.