Tu valor no depende de cuánto te quieran, sino de cuánto te quieras tú.
Que otros te amen es un regalo hermoso, pero no tu sostén:
puede llegar, puede cambiar, puede transformarse con el tiempo…
pero lo que tú sientes por ti mismo permanece siempre.
No busques fuera lo que solo tú puedes darte por dentro.
Cuando aprendes a quererte con honestidad y calma,
no necesitas que nadie confirme tu luz:
la reconoces tú primero, y eso basta.
No te desvalorices si alguien no supo verte:
no todos han aprendido a mirar con claridad.
Su mirada no te define. Su silencio no te apaga.
Tú brillas porque eres luz, no porque alguien te encienda.
Quererte a ti mismo no es orgullo: es justicia.
Es tratarte con la misma ternura que darías a quien amas.
Es perdonarte cuando fallas, esperarte cuando tardas,
respetarte cuando nadie más lo hace.
Esa es la riqueza que nadie puede darte ni quitarte:
la certeza tranquila de saber quién eres
y de merecer, de ti mismo, lo mejor. Autor
© NOAH SUBIN
12 OCT.26
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