Qué impasibles
se han vuelto mis noches
sin el roce de la copa
en la remembranza.
Qué rígida es la congoja
cuando en somnolencia
recuerdo cómo me mirabas.
Cerrar los ojos es un verso de desprecio
que adormece el deseo de acariciarte
nuevamente y continuamente,
ya sin verte,
sin el ente de mi mente subconsciente
que retrae los símbolos
de la soledad.
¿Qué es un hombre?
Si no es lo que interpreto del amor
¿Qué es el amor?
Si no es lo que cada consciencia siembra,
cada vínculo cosecha.
Y entre el ramaje y su auge
no queda intervalo
entre el pasado y la realidad,
entre la oscuridad y mi potencial.
Y así el amor
más que un breve poema que conmueve,
una leyenda que me absorbe y mortifica.