Augusto Cuerva

La Ășltima vez que te vi

LA ÚLTIMA VEZ QUE TE VI

 

PROSA 

 

No supe que era la última vez. Si lo hubiera sabido, me habría quedado un rato más. Habría memorizado cada detalle: la luz que caía sobre tu cara, el modo en que movías las manos al hablar, esa risa tuya que se te escapaba sin permiso. Habría grabado tu voz en el pecho, palabra por palabra, para poder reproducirla las noches en que el silencio se vuelve insoportable. Pero no lo supe. Nadie te avisa de esas cosas. Nadie te dice: mira bien, porque esto no volverá a repetirse.

 

Y así, sin saberlo, te vi por última vez como se ven las cosas cotidianas: sin prestar atención, dándolo por sentado, creyendo que mañana habría otro encuentro, otra conversación, otra oportunidad de decirte todo lo que no te dije. Porque siempre creemos que hay un mañana. Siempre pensamos que el tiempo es generoso, que nos sobra vida, que las despedidas son cosa de otros. Y mientras tanto, la última vez se cuela entre las veces normales, disfrazada de rutina, y se va sin hacer ruido.

 

A veces me pregunto qué habría hecho distinto. Si te habría abrazado más fuerte. Si te habría mirado más tiempo. Si te habría dicho, aunque fuera en voz baja, eso que llevaba años guardando en el pecho como un secreto mal cosido. Pero no hice nada de eso. Te vi como siempre. Te hablé como siempre. Te dejé ir como siempre. Y luego el siempre se acabó, y yo ni me di cuenta.

 

Durante mucho tiempo pensé que volvería a verte. Que la vida, que es caprichosa pero a veces misericordiosa, nos pondría otra vez en el mismo camino. Me preparé para ese momento: ensayé lo que te diría, imaginé tu cara, tu sorpresa, tu sonrisa. Y pasaron los meses. Y los años. Y el momento no llegó. Y entendí, por fin, que hay personas que se van para siempre sin decir adiós, sin cerrar la puerta, sin darnos la satisfacción de una última mirada.

 

Y lo peor no es que te hayas ido. Lo peor es no saber cuándo. Lo peor es no poder señalar un día en el calendario y decir: aquí. Aquí fue la última vez. Aquí se acabó todo. Porque sin esa fecha, sin ese cierre, uno sigue esperando sin saber que espera. Sigue mirando las calles, los cafés, las esquinas, por si acaso. Sigue creyendo, en algún rincón tonto del corazón, que todavía queda una vez más.

 

Pero no queda. Ya no queda.

 

Y ahora, cuando te recuerdo, no sé si te recuerdo a ti o recuerdo la última vez que te vi. Porque se han mezclado las dos cosas. Y ya no sé si fue aquel día, o el anterior, o mil días antes. Solo sé que te vi, que te hablé, que te tuve cerca un rato. Y que luego te fuiste, sin saberlo yo, sin saberlo tú, hacia ese lugar del que no se vuelve.

 

Porque hay amores que no terminan: se desvanecen.

Y yo, desde aquella última vez que no supe que era la última, te sigo viendo.

En cada esquina.

En cada voz.

En cada mañana en que me despierto creyendo, todavía, que hoy volverás.

Autor: Augusto Cuerva Candela 

País: México 

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