NҽցαԵíѵҽ ตαղ 🍃

ƭµ ℓµƶ εɳ ɱเร σʝσร

 
Tú luz en mis ojos
 
 
Tú no sabes lo que oculto
cuando miro tus ojos grandes,
esos dos cristales abiertos al invierno
donde todo se aquieta:
la tarde, el humo, la sal,
el mundo entero
como una balsa dormida
en la orilla de tu mirada.
 
Y tu piel, tan blanca,
tan excesiva de luna,
tan llena de nieve que no se derrite,
me quema las manos;
no me pidas que no la toque:
ya me incendio de frío.
 
 
Si de pronto cierras los ojos,
no me busques, si no es de noche;
y en la noche no me busques
si no me asomas la luna.
 
 
Si consideras mucha 
esta locura mía de amarte,
no debes amarme si consideras
tan poca esta locura tan mía.
Pero si me devuelves 
a las sombras donde habito,
sabe que ese día, a esa hora,
mis ojos aprenderán a ser tuyos
y mis manos, ciegas,
te dibujarán de memoria.
 
 
Pero si cada tarde
tu mirada grande me sube a la boca,
si tu piel blanca, ay amor mío, ay mía,
me llamara como un país hambriento,
entonces todo esa blancura en mí se vuelve fuego
y nada se apaga ni se pierde,
porque tus ojos beben mi sed
y mi sed te devuelve el agua.
Y mientras vivas, amada,
tu luz estará en mis ojos
sin salir de los tuyos.