El que emigro

Lo que el reloj no te cuenta

Llega la madrugada,

como ese último pasajero

que se sube al tren,

y ve que no le queda nada.

 

Tus uñas siguen marcadas,

aunque yo ya no esté,

y lo único que se encuentra

es mi alma estancada.

 

Me hundo en el vaso

que está apoyado en la barra,

del cual no puedo salir

porque siento que el ancla

todavía sigue enganchada.

 

Cada palabra una bala

y cada verso una puñalada,

en este viaje,

aunque tú sigues parada

en esa cala,

a mí me atan al mástil

para no poder escuchar

el canto de unas sirenas

que ya no me dicen nada.