I: Parque
Al fin, querido parque, nos volvemos a ver.
Tus pastos, que me dan
las más tibias de las comodidades,
danzan y se deslumbran a la luz del sol.
Tu banco triste y gris,
que abrió más puertas de las que cerró
pero el vacío sigue andando.
Marrones son tus aguas
que corren tu longevidad,
Y los juegos de colores
que vienen y van.
Patos en manadas
se zambullen en los claros,
picando sus presas
y nadando hacia el azar.
Parque querido, estoy acá
donde te despedí y no te vi más,
donde las fantasías crecían
y las memorias colgaban
Pero ahora sólo somos vos y yo.
Gracias por reproducir tus cantares
y por darme una mano
para encontrar la paz que tanto busqué.
II: Calles
Bancos de cemento, una vez más.
Sus sólidas figuras
me miran al pasar.
Recuerdos guardados,
memorias encapsuladas.
La vida sigue y ya nada es igual.
Calles de piedra
y el silencio vacío
de la siesta en la ciudad.
Los árboles,
armatostes imborrables
que muestran su continuidad.
Ahora mismo, no son más que eso:
objetos inertes e inanimados
que carecen de sustancialidad.
Tuya, es toda tuya.
Toca tomar el mando
y no dejarse desanimar.
¿Cambios? Todo transcurso los tiene.
Nos demuestran que seguimos vivos
Y nos hacen ir por más.
El alma tiene y pierde, te saca y te da,
pero nunca en tu vida
te va a dejar en paz.
El tiempo pasó y el viento me trajo hasta acá
Ciudad querida, hoy sí te vuelvo a encontrar.