El cronista sin puerto

Martes trece.

¿Cuál es la montaña más alta para gritar «hola» y que me escuchen todos, para que, por una vez, sepan que existo?

A veces pienso que mi alma murió un martes trece como hoy, mientras veo descender los aviones que me trajeron a este destino que quiero llamar hogar. Miro las montañas y me pregunto cuál será la más alta para gritar desde su cima: aquí estoy, amando esta ciudad y a todas las personas que he conocido.

Pero esta ciudad, de vez en cuando, me devuelve a mi realidad: quizás solo soy un sin puerto que viene y va, un viajero que aprende a querer los lugares sin saber si algún día podrá pertenecer a ellos.

Hoy, martes trece, no quiero embarcarme. Me quiero quedar. Quiero subir a la montaña más alta y gritar que aquí estoy, que he llegado, que también tengo derecho a quedarme aquí.

Porque hoy es martes trece y siento que mi alma ha muerto, no para marcharse, sino para quedarse para siempre en esta ciudad.