Ni siquiera sé cuándo llegó ese momento
en que dejamos de ser uno. Lentamente,
te ví rehuir mis caricias, escudándote en
el cansancio por el exceso de trabajo.
Yo te creía y justificaba tus desplantes, aún
cuando el sarcasmo acompañaba tus palabras.
Una tormentosa tarde de noviembre,
cayó la venda que cubría mis ojos.
No sé como reuní el valor para seguirte a
ese lugar donde descubrí la razón de tus
ausencias de casa. Te ví besarla, con esa
feroz pasión con que antes me devorabas.
La lluvia y las lágrimas cegaron mis ojos cuando
le diste ese anillo y recordé esos paples que un día
encontré por casualidad. Mentiste friamente,
mirándome a los ojos, diciendo que eran de un cliente.
El dolor oprime mi pecho, impidiéndo respirar.
Solo te pido amor mío que te comportes como
un hombre, pon tu firma junto a la mía
en ese documento y acabáme de matar.
Vale DGLEZ.