Diego Naranjo

Capitan sehnsucht

El sol aluz a la llanada y quema el horizonte.

El agua refleja y ahora en él se ve un hombre.

Los cigarros se van en bocanadas.

Los niños juegan a ver quién mejor se esconde.

En el casino se juega a doble o nada.

Las bisagras crepitan de los sabios robles.

Mi mente sigue igual de nefelibata.

Y al final la luna flagela la fatiga desde la cumbre,

mientras hay una rata comiendo de mí sin saber su nombre.

 

Detallo todos los días la pintura del capitán Sehnsucht completa,

y sigo sin poder completarla sin saber cuál es la pincelada.

Le di forma de maletín y traje,

le di forma de bebé en cuna,

le di forma de un largo viaje,

le di forma de una bella dama,

le di forma de delirico licor,

le di forma de lugar y manada.

 

El consenso aprobó la soberbia

para la coraza de un niño con alma en desolación.

 

Nunca las entendí; solían morir, pero más revivir.

El mundo no paró, aunque con un ritmo más claro.

Y más no las desaparecí; nada más las conoceré y conocí.