José Luis Barrientos León

El recuento de los daños

 

He habitado el rincón de los despojos,

viviendo a expensas de la ajena luz,

cargando la impudicia como cruz,

bajando ante el espejo los dos ojos.

 

Fui el descuido en la piel, el abandono,

un torpe caminante sin urgencia,

que perdió los modales y la paciencia

y olvidó de la limpieza el noble tono.

 

Rompí la compostura en el proscenio,

tropecé ante los ojos de la gente;

mi vanidad colapsó ruidosamente

mostrando mi ridiculez sin genio.

 

Fui soberbio al andar, sumiso al ruego,

mezquino en el altar de los honores,

callé frente a la injuria y sus dolores

y al gritar, fui el bufón de mi propio juego.

 

Vi la burla sutil en los hoteles,

el guiño del ujier que me juzgaba,

mientras mi propia trampa me asfixiaba

entre deudas vencidas y papeles.

 

Pero hoy firmo el balance del fracaso,

vuelvo a mirar el lodo que he pisado,

porque a pesar de todo lo quebrado,

salvo mi vida si te tengo en brazos.