En nueve páginas
y unos renglones más
escribimos nuestra historia
sin saber que algunas palabras
nacían con fecha de despedida.
Pusimos nuestros sueños
en los márgenes del tiempo
un poco de amor entre líneas
y tantas promesas
que nunca llegaron al punto final.
Hubo páginas de besos
párrafos de silencios
y una que otra lágrima
que no supimos dónde poner.
Escribimos con el alma
con esa fe ingenua
de quienes creen que amarse
es como quedarse.
Y cuando llegó el final
nadie se atrevió a escribirlo.
Dejamos la última página abierta
como si el amor pudiera volver
a terminar lo que un día comenzó.
En nueve páginas
y unos renglones más
escribimos nuestra historia.
Lo que nunca supimos
fue cómo escribir el adiós
sin borrarnos para siempre.