Los días en los que no siento tu aroma puedo sentir tu presencia. No hablo de la presencia física, sino de la que hay en el alma.
Tu amor me ha enseñado el verdadero sentir, literalmente \"sentir\" porque, a falta de besos o abrazos, es en lo único en lo que no podemos limitarnos: en SENTIR.
Tu presencia en la lejanía me ha servido para abrazar mi soledad, aunque a veces no puedo evitar extrañarte. Te extraño, amor, pero también te siento.