Pensativo, entre persianas muertas,
aún espero los momentos prometidos.
Las calles pasan sin mirarme,
mil vidas se pasean a mi alrededor.
Fantasmas de rojo que viajan
atrás de los autos, se despiden.
Bajan por la avenida hacia el río
y se pierden en el asfalto.
Me asomo al horizonte de mis manos
como una luz en secreto.
No deseo mas que tener
una ventana hacia el alma:
Exponer a los vientos
mi sangre y mi silencio,
la lluvia de palabras que moja
mi mirada quieta.
Y mientras la muerte avanza
sobre las luces de la calle,
caigo al tiempo oscuro
de la madrugada.
Cierro los ojos sobre los poemas
y despierto al sueño.
(Bella fantasía que rebalsa
de amor en sus rincones.)
En aquel mundo
nacido tras los párpados,
construyo anhelos de raíces hondas.
Pensamientos que florecen
como los inviernos,
raíces siempre alimentadas
entre los años.
Pero otra vez, y como siempre,
despertar destruye mi descanso,
abrir los ojos borra todo lo creado.
El día comienza abriendo un surco,
vacío y profundo,
en la tierra seca y dolorosa.