Tú que la soledad has conocido,
sabes bien que nuestro Señor te llama.
¡Qué alegría ver que su Amor inflama
la limpia entraña que en ti ha florecido!.
Él que, en su soledad, fue incomprendido,
conoce el bien de tu alma enamorada;
Te asiste, cuida y observa iluminada
la singular piedad que has acogido.
Has crecido en bondad y fortaleza
en lucha con la vida laboriosa.
Lleno está tu espíritu de nobleza;
ganado por la esencia bondadosa
y la madura acción de tu firmeza
un aura de hermosura en ti reposa.