Los amantes de Hasanlu
\"L\'amore vero essendo infinito ed eterno
non può che essere consumato nell\'eternità.\" (anon.)
¿Puede acaso sobrevivir al tiempo
un pequeño gesto de ternura,
quedar por encima de la edad
y de las cosas efímeras,
atrapar un instante de la historia
y negarse a desaparecer,
negarse incluso
a su propio entierro,
sin cañones ni trompetas?
Fosilizar la ternura.
Descansar su mano
en la mejilla del otro.
Quedarse allí
para la última caricia.
Sin armas ni batallas,
dormir eternamente juntos,
acurrucados después del último beso
en ese escondite de humo
cuyo incendio devoró el mundo,
pero no pudo separarlos
ni un suspiro más
de su muerte.
¿Qué importa si eran amantes,
amigos o hermanos;
hombre y mujer,
o dos hombres?
Hay algo más fuerte que el miedo,
más fuerte que la carne y que la muerte,
algo que pliega el tiempo
y le dice:
«Basta de correr.
Es hora de fundirse
en un abrazo inescrutable,
donde los hombres desnudos
han de ser uno.
Es hora de acostarse en el polvo
para morir eternamente.
Es hora de cruzar
ese mar de milenios náuticos,
de enterrar la voz,
los versos
y los cuerpos
en una fosa cavada en la oscuridad,
hasta que las edades queden limpias
como sus huesos.
Mucho antes de que nazca el Cristo
y muera
por los que ya estábamos muertos.
Es hora de dormir
para llegar a otro repetido amanecer,
de caminar hacia el otro lado del lago
que un día estará seco,
hacia las colinas
que todavía no se forman.
Llegar a la historia
que todavía no se cuenta,
antes del nacimiento de la flor
y de su polen,
antes de los árboles milenarios
del bosque de Sherwood,
antes del destierro,
de la sed
y las preguntas.
Mucho antes de que nuestros huesos
descansen bajo el microscopio
y el carbón,
porque hay un solo lugar
que la historia no puede enterrar
y donde ni la propia muerte
tiene dominio:
el amor».
Ricardo Castillo
Imagen: Penn Museum - Lovers, Friends, or Strangers?