Esos fantasmas de viejas historietas son mis padres,
mis hijos, mis ancestros;
viejos libros olvidados en los abismos de la historia,
polvo en los estantes de los días que ya no son nuestros.
Se borraron los renglones del mapa,
sin líneas, carezco de puntos donde fijar la mirada.
Todo es un lienzo difuso que se escapa,
una página en blanco, una ruta borrada.
Soy una historia no contada,
un murmullo atrapado en el olvido,
ese espacio suspendido en la nada
entre lo que pudo ser y lo que no ha sido.
Un puente que no llegó a la otra orilla,
una memoria desierta que nadie reclama.
La última pieza que ya no encaja ni brilla,
el eslabón perdido de una rota cadena.