Como mirar tus ojos sin amanecer con ellos,
y agonizar mientras ellos no reparan en mi vida.
Los senderos que habitan en mi sangre,
me llevan inevitables y sumisos,
hacia tu forma de mirar taciturna y danzarina,
por incorrectos ríos navego en el silencio.
La sal se extiende entre tus labios y tus pechos,
yo recogiendo su sabor me entrego al desapego.
Mis manos calcinadas habitan tu cintura,
de ti nacen las aves migratorias del olvido.
Se congelan en vuelos de cansancio,
se enredan en tu cabellera de arena y de ceniza.
Por ti la vida se arrepiente de su terca finitud,
y de tu ausencia enarbolada por la luna.