Aunque nunca pude conocerte,
siento tu luz en mi corazón,
como una estrella que desde el cielo
me entrega su amor y su bendición.
Fuiste una mujer luchadora,
de inmensa esperanza y profunda fe,
que sembró amor y honestidad en sus hijos,
para que el bien guiara siempre sus pies.
Teniendo tan poco, lo dabas todo,
sin medir sacrificios ni necesidad,
soñando que aquellos que tanto amabas
jamás conocieran la dificultad.
Abuela, aunque no escuché tu voz,
ni pude abrazarte entre mis brazos,
tu legado vive en mi corazón
y tu amor ilumina mis pasos.
Porque hay seres que, aun sin conocerlos,
nos dejan una huella de eternidad;
y tú, abuela, vives en tu descendencia,
en sus valores, su amor y honestidad.