Hay días en que mi corazón
se siente tan ligero
que tiembla ante la brisa devastadora
que mece sus frágiles pétalos.
Y, conteniendo a duras penas
las ganas de hacerse pedazos,
baila, temeroso,
al compás de la tormenta.
No sé si llamar a esto:
costumbre o desprecio
Decepción
¡Necia flor!
¿Por qué aún marchita, crees en su afecto?