JordiCris ✍️
La cofradía del nueve punto uno. (Poema de concienciación y máxima sensibilidad)
NOTA DEL AUTOR: \"Este poema puede herir la sensibilidad a personas que se hayan visto afectadas o hayan sufrido o estado próximas a casos de este problema social relacionado con las enfermedades mentales, la soledad o cualquier otra causa o circunstancia. Es una voz y llamada de atención a nuestra sociedad ante un grave, silencioso y triste problema que parece tabú y es más cómodo silenciar. -
La cofradía del nueve punto uno.
Se abrió en canal para leerse las entrañas
y dos realidades incompatibles
se encontraban dentro
y ninguna de las dos salió indemne.
¿Quién escribió su historia?
Había libros aun no escritos
y páginas en blanco en su cabeza
y no sabía si era el borrador de alguien
que aún no había terminado de escribirlo
o sí las páginas que le faltaban
quizás le habían sido arrancadas.
La tristeza alquiló sus huesos
y le cambió las cerraduras,
el plomo de la espalda lo encorvaba
y sus alas ligeras nunca aprendieron a volar.
Dios rezaba a los hombres sordos.
los panteones fueron desalojados en silencio
y la fe se colgó una mochila
y se puso a caminar…
Así que, ya no hablaba, ni escuchaba.
Sus ojos no veían aun abiertos
y cerrados la obscuridad se multiplicaba,
el aire de cenizas que respiraba
le pesaba más que el plomo de su espalda.
El sastre de los agujeros cósmicos
se olvidó de coserle el traje
para ir bien vestido,
y andar desnudo lo hacía invisible.
Los cuchillos del alma
y las lágrimas de las estrellas
le llenaron los bolsillos
del abrigo raído y mojado de la vida,
que le pesaba varios planetas.
Cada cicatriz podría ser una estrella reparada
y cada pérdida, un hilo,
que le faltaba al universo que un día habitó.
Existe una palabra que, pronunciada,
hace desaparecer
todo sonido del universo.
Los poetas llevaban siglos buscándola,
sin saber que cada verso escrito
la acerca un poco más a su final…
Él, la escuchó, no sabía lo que significaba,
pero entendió que era el final,
que el silencio por fin llegaba,
que cesaría de todo ruido
porque el reino de los silencios
lo había por fin reclamado.
Lo último que oyó fue
el estruendo de aquel relámpago
que hizo que todo ruido callara.
Solo sintió frío. Se apagaron todas las luces
y escuchó entonces un sonido metálico,
el del casquillo cayendo al suelo.
Al encenderse las luces,
nadie sabía cómo se llamaba,
quién era y qué había pasado…
El Mundo no paró ningún reloj
cuando el polvo volvió al polvo.
Simplemente se reencarnó en una cifra,
pasó entonces a llamarse
el dos mil treinta dos de aquel día;
el que le certificaron su nueva identidad
en la familia del nueve punto uno,
donde moraban
los más de setecientos dos mil hermanos
auto afiliados aquel año.
Nadie sabe dónde están,
pero ahora todos saben quiénes eran,
aunque miren hacia la otra orilla
porque cada cuarenta y tres segundos
una nueva alma se suma
a la cofradía del nueve punto uno…
A punto de renombrarse como diez,
si la sociedad no se humaniza,
previene y cuida a sus anónimos pajarillos
que sufren enfermedades y heridas del alma.
Aquellos que con sus penas y tristezas
pagan cuotas de soledad como entrada
autorrecetándose inhibidores eternos
para su dolor…
Y es entonces cuando sus presencias
se hacen más notorias,
con las ausencias y el dolor que dejan en la tierra.
CRISPÍN
Poema Nº160
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