Leoness

Rescate en la deriva biocuantica 

Llamaradas de neón y carne sintética,

el núcleo late con ritmo febril,

la nave biomecánica suspira su agonía

en un abismo de metal y marfil.

 

Ella está ahí, noto su perfil en arrebato

 

Circuitos paratéticos enlazan la sombra,

medidores cautivos en flujo glacial,

los controles vigilan el pulso del monstruo

ajustando la dosis de materia y forma.

 

Boquea el casco, sus pulmones de acero,

mientras la sombra del corsario se acerca,

un pirata cuántico de cuencas de cian,

que comercia con la muerte que acecha.

 

Pero ella se defiende mientras yo la admiro

 

Rozamos la masa de un astro tétrico,

materia oscura que no se deja ver,

la quilla se quiebra, la red se desangra,

mi sangre fluida comienza a ceder.

 

Entre los mandos heridos y pantallas en llamas,

ella existe, firme, la segunda al timón,

reclamando los mandos a la nave que muere

mientras lucha por darme su último aliento y salvación.

 

Más su belleza me codifica valor

 

Aún guardo en el pecho un impulso lejano,

el temblor de una lágrima, el peso del amor,

fantasmas humanos de carne y memoria

que se ahogan despacio en el procesador.

 

De pronto sus manos rompen la bruma,

ella se arroja hacia el abismo mortal,

un rescate desesperado en medio de la nave,

buscando mi cuerpo en la tormenta digital.

 

Me convulsiona el pulso, su proximidad

 

Sintético amancebado a la interfaz,

mi alma es un código a punto de huir,

como un pájaro ciego que al sentir su abrazo

duda si salvarse... o dejar de morir.

 

Atrapado en los pliegues del vacío sin fin,

rehenes de un frío cibernético y cruel,

nos tragará el hoyo, el monstruo de luz,

unidos para siempre a su agónica piel.

 

Siento su cuerpo sintonizar cerca del mío

 

Con rabia fiera en la consola herida,

forzamos los motores en un rugido final,

desgarrando el abismo que nos devoraba

para huir victoriosos del pozo gravitacional.

 

Aún ruge la sombra en la vasta penumbra,

el peligro no cede en el frío estelar,

pero en medio del caos, aferrado a sus manos,

su audacia al timón ha salvado, nuestro amar.

 

\"No somos dos estrellas orbitando al azar; 

somos una colisión perfecta de polvo estelar 

destinada a brillar en la misma galaxia.\"