Pudo ser en mi costado esa lanza que sentí
un tirón que desgarró mi carne
la causa de mi dolor,
pudo ser quizás la sangre
quien me hizo ser culpable
a pecados, que cometí.
Pudo ser el llanto afable
esa lluvia que pedí
y a cambio solo sufrí
esta angustia irreparable,
entre indulgencia y amor
como lanza en mi costado.
Pudo ser, que arrebatado
de la vida, sucumbí
con la carne hecha pedazos
intentando ver pasión,
y fuese de condición
esta vida que he entregado.
Pudieron ser tantas cosas
los motivos por morir
los azotes o el dolor
de atravesarme los clavos
pero no, fue la lanza en mi costado
quien anunciaba mi fin.
Fueron testigos maderos
entre cuerdas amarradas
de la vida que entregué,
fueron espinas y clavos
el dolor que soporté
entre sangre derramada.
Pudieron ser las mentiras
los insultos o pecados
motivos, a perecer
mas mi muerte quiso ser
como Dios crucificado,
un alma que se ha quedado
en la tierra, de Israel.
Las heridas que he aguantado
y la sangre que tiré
no fue por espinas ni clavos
fue, el amor que no me has dado
esa lanza en el costado
cuando yo lo di por el.
Y si se que no has amado
yo por ti sacrifiqué
mi alma mi corazón,
aguantando en el costado
esa lanza del querer
como Dios, crucificado.