Lloré por la soledad que habitaba en mi interior, por no tener compañía, por la ausencia del calor. Pero el tiempo hizo costumbre lo que un día fue dolor, y ahora huyo de las voces que imploraba con fervor.
Qué ironía tan amarga, qué difícil comprender: quise tanto estar acompañada y hoy no sé cómo volver. La soledad fue mi refugio, mi manera de sanar, y ahora temo que alguien llegue y me enseñe a abandonar.