Danki

PRISIONERA DEL SILENCIO

Lloré por la soledad que habitaba en mi interior, por no tener compañía, por la ausencia del calor. Pero el tiempo hizo costumbre lo que un día fue dolor, y ahora huyo de las voces que imploraba con fervor.

Qué ironía tan amarga, qué difícil comprender: quise tanto estar acompañada y hoy no sé cómo volver. La soledad fue mi refugio, mi manera de sanar, y ahora temo que alguien llegue y me enseñe a abandonar.