Luciérnaga nocturna, cuerpo transparente.
No me permitas ceniza.
No todavía.
Yo que he sido silencio y ruido.
Un puerto desde donde te he amado.
La noche clava en ti su silencio,
un rumor de caricias se cuelga en el viento,
de pronto me hablas y en tu nombre
vuelve a amanecer como antes de mis besos.
Dame una palabra de tierra y agua,
un reproche, la nostalgia y un suspiro,
la soledad del mar, la sal del mar
Mis manos te buscan desesperadamente,
mi locura anida en ti, como si todo me viniera de ti:
ojos donde el crepúsculo escribe un verso,
dulce miel que embriaga los sentidos
Déjame libre el camino que todos
los míos conducen a tu pecho,
paloma celeste que abraza la tarde,
afiladas caderas por donde muere mi sed.
Allí donde la vida se me agota,
entre la delgada línea de tu soledad y mi fe,
amor mío, esa vida ingrata nos quiere olvidar.
No lo permitas, no me dejes terminar así.