Hay un suspiro en cada tarde,
que se deshila y padece.
Hay una noche
ensombresida
en cada noche que oscurece.
Hay un amor ahondando
en los amores que besa y muerde.
Y estás tu, vertiendo tu belleza,
para que muera al verte.
Hay una luna de leche y fiebre,
que llama besos que no se sienten
y hay una voz que canta y hiere
en cada eco que toca tu frente.
Hay una ola rompiéndose
que insiste hasta romperse.
Hay un sol que grita con su luz
y nadie acude ni se estremece.
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Tu no eres el amor, no eres el beso. Eres lo que queda cuando todo termina.
El tiempo después del fin, el vuelo después del vuelo. Lo perdido que nunca encuentro y sobre todo, la lluvia en otoño.
No hay expresión que te describa, no hay espacio que te contenga. Las horas huyen de tu reloj y el día es noche cuando llegas.
Tú no pueblas los espejos, vistes el aroma de la espera y las palabras se hacen mudas en tu silencio de nocturnas piedras.