Vil, profugo soy, de la inspiración.
Mi sentencia; ayunar pensamiento.
Hermoseo cada línea, dónde no escribo.
El silencio, me dictó; desalojo
y la soledad; expulsión.
Aquellas tintas, presentes pasadas.
Alondras de las letras mías, merecen;
Disculpas.
La Negrilla, para mí, es prohibida.
Tan pálida y austera, color de hoja.
Y las pupilas se me ríen...
...Ni una, lágrima, en mis letras.
Todos comentan...
Ni, el borrador, quiere borrar mis ideas.
Por estar cansado de mi estilo, tan único;
De hacerlo, todo mal...
El Mundo me rinde magnífico homenaje;
De no, conocerme. Y celebra; no quererlo.