Tuve que humedecer los dedos de mi amante
con la lengua lanzada de nuestras avalanchas,
tuve que respirar aun de su nombre,
como ahora estoy haciendo.
Y la llamo en el tiempo y el espacio,
acoplado a su ritmo de mirada,
cadencia de los párpados.
Y una vez la sentía, y otra vez la escuchaba,
como un poema largo y estridente,
pero firme, equilibre.
Le mostré versos dedicados,
ahí, rebuscando el sentimiento,
pero ya no quedaba ni en el caleidoscopio
de su mirada ni en mis acusaciones.
Cuando las cosas solas se abandonan,
significan un mundo, y luego ya no puedes abarcarlas,
mis sentidos no van a la deriva,
sofocan solamente,
y me hacen sudar por un credo que apague mis valores.
Las emociones abren heridas que no quieren ayuda,
pero ayuda es lo único que tienen.
Yo no puedo guardar lo que ya está guardado,
yo nunca he sido algo como ahora,
pasar de todo, implica saber lo que te haces.
\"¿Qué demonios pensabas que era yo?
Otro como vosotros, el menos parecido,
cuanto menos fingiendo.\"
\"Yo duermo a la intemperie, no hay miedo,
pierdo protagonismo, y eso hace cundir el pánico.
Que no me hagan partícipe
de su extensa ambición,
resquebrajada,
zombi
sin tierra
ni hambre
ni sed
¿Quién puede levantar ahí
una vida infinita?