JordiCris ✍️
Merak. -Palabras hermosas del mundo-
Fotografía propiedad de @TuñyBarcala y @JordiCris. Video; MIROSLAV ŠKORO I GRUPA VIGOR - Merak (OFFICIAL VIDEO)
Merak.
El arte de saborear la existencia
porque hay palabras que dicen cosas,
y palabras que dan vida;
unas nombran las heridas
y otras las vuelven hermosas.
Merak nació de un largo viaje,
de lenguas, siglos y mares;
de antiguos sueños otomanos,
y anhelos que fueron paisaje
de corazones humanos.
Del árabe tomó su memoria,
del turco, inquietud y deseo;
y cruzó los Balcanes buscando
la íntima luz de la historia;
para ir germinando voces nuevas.
Мерак, susurra el serbio,
merak, pronuncia el bosnio;
y el tiempo, paciente y sobrio,
le da al placer su sitio propio:
vivir sin pedirle al tiempo nada,
sin que devuelva lo vivido,
vivir es estar agradecido
al mero hecho de existir,
Merak es un café en la tarde,
una taza entre dos manos,
la voz de un amigo cercano,
la luz que, despacio, arde
sobre horizontes lejanos.
Es Sarajevo y su terraza,
la música que atraviesa
el corazón de la plaza;
el conversar sin promesas
y hacer del instante una casa.
Merak, es descubrir lo ignorado
y sentir la curiosidad
de un nuevo horizonte abierto;
es perseguir lo anhelado
sin encadenar la verdad
ni dar por perdido lo incierto
y tampoco nada por sentado.
Merak es pasión que espera,
deseo que no se consume,
la flor que ofrece su aroma
sin preguntar si alguien la desea;
es la vida cuando se asoma
y el alma aprende a quererla.
Pero, también es el desvelo
y preocupación que nos nombra,
sí una pregunta en el pecho
o pensamiento que asombra
sino encuentra paz y techo
se convierte en una sombra.
Porque el deseo y la herida
comparten a veces estancia;
la inquietud buscando salida
y hasta la propia distancia
sí puede encendernos la vida.
Merak, no es la felicidad plena,
ni el júbilo que hace ruido;
es una dulzura serena
que se encuentra en lo compartido
y en la eternidad de un minuto.
No es conquistar cuanto existe,
ni poseer lo deseado;
es amar aquello que asiste
al corazón desarmado
cuando el mundo se reviste
de un resplandor inesperado.
Y no confundas su esencia
con el griego meraki:
que también guarda su querencia,
pero en la obra que haces aquí
pones el amor y la paciencia.
Meraki es dejar el alma
en todo aquello que construyes,
poner cariño en tus manos
hasta que el trabajo alcanza
la belleza de lo humano.
Merak, en cambio, nos llama
a no demorarnos viviendo,
a escuchar cómo la llama
del instante va creciendo
sin consumir lo que se ama.
Una palabra, y dos orillas,
dos maneras de sentir:
una pone en la obra sus semillas;
y la otra nos enseña a vivir
sin contar las maravillas.
¡Oh, Merak, palabra viajera,
que atravesaste fronteras
sin perder tu voz primera,
haciendo de las esperas
una forma verdadera
de habitar las primaveras!
Enséñame a estar presente
cuando el café se enfría,
cuando una canción me miente
con su dulce melancolía,
cuando el sol, lentamente,
se despide de mi día.
Enséñame a no tener prisa
por llegar a ninguna parte,
a descubrir en una sonrisa
lo que no puede comprarse,
a comprender que la vida
no es solo lo que se alcanza,
sino aquello que, sin medida,
nos devuelve la esperanza.
Que no me ciegue el mañana,
que no me robe el ahora,
que sepa abrir la ventana
cuando la tarde se dora;
y, el alma, humilde y humana,
se reconoce y enamora.
Porque hay placeres pequeños
que sostienen universos:
una mano, algunos sueños,
dos silencios convergentes,
un abrazo y un café
o la música entre los dientes.
Y acaso vivir consista:
en comprender finalmente,
que la dicha no se conquista
como un trofeo reluciente:
se descubre, se acaricia
y se respira lentamente.
Merak: deseo y ternura,
inquietud, pasión, anhelo;
la sed que busca dulzura,
la mirada que viaja al cielo,
la vida en su forma más pura.
Merak: guarda en su nombre
un secreto que el corazón reconoce:
no todo placer es completo,
ni todo dolor nos conoce;
a veces, lo más perfecto,
es aquello que no se posee
y sí lo que el tiempo detiene
para disfrute de nuestros ojos.
Pues cuanto más nos conmueve
un instante compartido,
más tememos que se lleve
su luz al caer el olvido;
y ese temor nos revela
cuánto amamos lo vivido.
Por eso, cuando la tarde
se duerma sobre todos los mares,
y el tiempo, sin hacer alarde,
deshoje nuestros lugares,
quiero vivir sin que aguarde
mi corazón otros altares.
Quiero el café, la palabra,
la canción, la compañía;
quiero que la puerta se abra
y que la paz llegue algún día;
y quiero esa emoción que labra
por dentro de mi poesía.
Que la existencia no pase
como un tren que nunca espera;
que cada instante abrace
con su verdad pasajera,
y que el alma encuentre su casa
en la vida sencilla y sincera.
Merak: el arte de desear,
de sentir y de saborear;
de no apresar la alegría,
sino dejarla habitar
la pequeña eternidad
que cabe dentro de un día.
Merak: es el placer de desear,
sentir y saborear la vida,
Merak es ser parte de ella,
siendo los protagonistas.
Merak es mi Carpe Diem,
pero de pausada manera,
es el valor de la vida
que habita en las cosas pequeñas
que son de la vida, las grandes cosas.
CRISPÍN
Poema Nº159
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