La Chica de los Versos

La tormenta que no llueve

Tengo un mundo aquí dentro

que no consigo explicar,

mil sentimientos despiertos

que no se quieren marchar.

Tengo un corazón que siente,

que todavía sabe amar,

pero una parte de mi mente

que no me deja llorar.

Y no sé qué me está pasando,

ni en qué momento ocurrió,

solo sé que estoy intentando

sentir lo que antes sintió.

Quiero llorar y no puedo,

quiero gritar y hay silencio,

llevo una tormenta en el pecho

y ni una gota en el cuerpo.

Es como vivir encerrada

detrás de mi propia piel,

tener el alma cansada

y no saber qué hacer con él.

Con este vacío tan raro,

con esta extraña sensación,

con este silencio amargo

que me atraviesa el corazón.

Lo peor no es estar triste,

ni siquiera es el dolor,

es no saber qué me hiciste,

vida, con tanto sentimiento y tan poca expresión.

Porque yo todavía quiero,

todavía siento cariño,

todavía encuentro un te quiero

capaz de iluminarme el camino.

Pero hay rincones de mi alma

donde no consigo entrar,

lugares que piden calma

y que no puedo alcanzar.

Y me pregunto si acaso

me he cansado de sentir,

si he cerrado tantos candados

que olvidé cómo abrir.

Si por guardar tantas cosas

me he quedado sin voz,

si las heridas silenciosas

me han desconectado de mí y de lo que soy.

Me miro y no me comprendo,

me escucho y no sé quién soy,

por fuera sigo viviendo,

por dentro no sé dónde estoy.

Y sonrío cuando toca,

y contesto que estoy bien,

mientras una parte de mí se pregunta

si algún día volverá a entenderse.

No quiero volverme de piedra,

no quiero dejar de querer,

no quiero que el mundo me venza

ni olvidarme de sentir otra vez.

Solo quiero que, algún día,

sin tener que comprender por qué,

mi alma encuentre una salida

y yo vuelva a reconocerme.

Quiero llorar si estoy triste,

reír sin tener que fingir,

dejar de buscar qué perdiste

en esta versión de mí.

Quiero abrazar mis silencios

sin tenerles que temer,

dejar de exigirme sentimientos

que no consigo entender.

Porque no soy una roca,

ni un corazón sin latido,

soy una voz que se ahoga

en todo lo que no ha dicho.

Soy una tormenta encerrada,

un invierno sin llover,

una herida que no habla,

un «no sé qué hacer» con la piel.

Y aunque mis ojos no lloren,

aunque no sepa explicar

por qué hay días en que todo me pesa

y no lo puedo soltar,

sé que debajo del silencio

todavía queda algo de mí,

una pequeña luz temblando

que no se ha cansado de vivir.

Y quizá no esté rota,

quizá solo esté cansada,

quizá mi alma necesite

dejar de ser interrogada.

Quizá no tenga que entenderme

ni encontrar una solución,

quizá solo necesite

tratarme con compasión.

Pero hoy sigo aquí, perdida,

sin saber cómo empezar,

con tanto amor en el pecho

y tantas ganas de llorar.

Y si algún día caen mis lágrimas,

no les preguntaré por qué.

Dejaré que digan lo que callo,

lo que no supe comprender.

Porque no quiero ser invencible,

ni demostrar que estoy bien.

Solo quiero volver a sentirme

en casa dentro de mi propia piel.