Una cuqui sonetista
vino a leerse mi escrito
y me dijo, Rosarito,
estás ya mal de la vista.
Tu décima me despista,
te lo digo con respeto.
¿No escribías un soneto?
tu fracaso me sonroja,
porque yo a la pata coja
te escribo el primer cuarteto.
Por el baño y la cocina
la perseguí con la escoba
y colándose en mi alcoba
se escondió tras la cortina.
La cucaracha ladina
sin remedio se perdió
la madre que la… crio,
que me quiso demostrar
que en esconderse y versar
era más lista que yo.