El roce del traidor
La plata cuenta su peso en la sombra.
No hay prisa en la tierra,
solo el aire que se detiene
ante el filo de los pasos.
Te acercas con la señal pactada,
un puente de carne entre el miedo y el oro.
El contacto es apenas un suspiro,
una marca húmeda en la mejilla
que nombra al hierro antes de llegar.
No hay odio en el gesto,
solo el frío de quien cumple un oficio.
El eco del saludo aún flota.
Las antorchas despiertan,
dibujando la grieta
por donde la lealtad se deshace
y no vuelve.
Autor
© Nelly Cevallos-Liora
11 de octubre al año 2026