Tu frente en mi frente
era
nuestra
forma
de
medir
el
mundo.
No necesitábamos termómetro;
si nos quemaba,
nos quedamos,
si estaba fresca,
podíamos salir.
Ahora me toco la frente solo por costumbre,
si
tengo
frío
o
calor.
Me falta tu medida.