(Recordando el día de su cumpleaños)
¿Quién es Jorge? Preguntan al mirarme,
y el corazón responde sin dudar:
Jorge es mi abuelo, mi luz al recordarme
la estirpe noble que he de venerar.
Su nombre: Jorge Garcés Marquina,
el mejor radiotécnico que Piura conoció;
con una oratoria viva y cristalina,
cuyo gran poder de convencer deslumbró.
Era de noble sabiduría trujillana,
le encantaban las películas del oeste,
y con su cámara, de tarde a mañana,
tomaba fotos para vencer la muerte.
En cada imagen que su lente iluminó
guardó el recuerdo que no se perderá;
gracias a él mi memoria conoció
a nuestra familia y al Piura que se fue.
Consentidor y tierno como ninguno,
su pan con natilla solía saborear,
y alegraba la tarde de todos y cada uno
con helados del Chalán para festejar.
Fue él quien con paciencia me enseñó a crear
los dulces nacimientos de cada Navidad;
horas desenredando foquitos sin parar,
alzando la montaña con gran dedicación y paz.
Allí donde las figuritas habrían de quedar,
esperando al Niño Jesús con devoción,
armábamos lindos nacimientos que recuerdo con emoción,
siempre compartía lo que solía repasar,
enseñándonos lecturas de su corazón.
Su frase favorita grabada en la memoria:
«El poder de la palabra y la persuasión», solía proclamar;
porque la palabra es vida, es luz y es historia,
es poder divino que sabe transformar.
Quien tiene la palabra tiene el conocimiento,
y mi abuelo Jorge era un orador nato;
muy inteligente, con claro entendimiento,
supo salir adelante en cada trato.
Trujillano de cuna y nacimiento,
pero piurano entero de alma y corazón;
siempre estuvo presente en todo momento,
brindándonos su afecto y bendición.
Junto a mi mamá Dina, mi abuelita amada,
para Karlita, Juan Carlos y para mí,
su compañía fue lumbre abrigadora,
el ejemplo más bueno que viví.
Partiste en aquel mayo del dos mil seis,
mas hoy, en tu cumpleaños, te celebro aquí;
siempre te recordaré con toda el alma,
pues tu amor sigue latiendo dentro de mí.
Mi papá bueno, mi papá Jorge querido,
el padre de mi mamá Elisabeth también;
tu recuerdo jamás quedará en el olvido,
fuiste para todos un eterno bien.
Agradezco aquel sueño donde me buscaste,
después de haber partido hacia la luz,
cuando a darme el consuelo te acercaste
para despedirte con ternura y gratitud.
Cuídate mucho allí donde tú estés,
te llevo en mi pecho en cada suspirar;
sé que muy pronto, cuando el tiempo acabe,
nuestras almas se volverán a encontrar.
¡Feliz cumpleaños en el cielo!
¡Siempre en el alma te tendré!
Te quiere siempre tu nieta,
Claudiale