Rosa Maria Reeder

LA FÁBRICA DE PORQUÉS

Hay una fábrica oculta
detrás de un reloj viejo,
donde trabajan preguntas
con cascos de terciopelo.

Fabrican porqués pequeños
con tuercas de fantasía,
los pintan de azul de cielo
y los guardan para el día.

Hay porqués de bolsillo,
porqués de largo alcance,
porqués que saltan la luna
y vuelven dando volteretas.

Uno pregunta a la lluvia
por qué se moja al caer;
otro le pregunta al sueño
quién le enseñó a aparecer.

Uno interroga a la sombra:

¿Por qué me sigues detrás?

Y la sombra, muy traviesa,
le contesta:

¿Por qué preguntas más?

Hay un porqué diminuto
que pregunta sin cesar
por qué las estrellas duermen
sin aprender a roncar.

Hay otro que, por las noches,
se asoma bajo la almohada
para preguntarle al silencio
por qué no dice palabra.

Pero una mañana gris,
sin campanas ni canción,
la fábrica se quedó quieta:
se apagó su corazón.

Los niños llegaron corriendo:

¿Qué le ha pasado? ¿Por qué?

Y el viejo reloj les dijo:

Porque nadie preguntó: «¿por qué?».

Entonces todos, de pronto,
comenzaron a preguntar:

¿Por qué el cielo tiene estrellas?
¿Por qué el pez sabe nadar?
¿Por qué una lágrima tiembla?
¿Por qué se aprende a soñar?

Y con cada nuevo «porqué»
se encendía una bombilla;
la fábrica despertaba
como una enorme maravilla.

Desde entonces, cada niño
lleva uno en el corazón:
un pequeño fabricante
de asombro e imaginación.

Y si algún día un adulto
le dice: «Ya crecerás»,
él guardará su pregunta
donde nadie la verá.

Porque crecer no es saber
todas las cosas del mundo;

es conservar una pregunta
cuando parece que ya
lo sabemos todo.

 

Rosa María Reeder

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