Los únicos dueños
Que queda después de todo, si antes de todo no hay nada,
el ojo siempre es el ojo y no sólo la mirada.
Lo visto nunca se tuvo, fue un instante que pasaba,
el llanto siempre es el llanto y nunca el que lloraba.
Lágrimas más que suficientas se llevaron mi alegría,
suerte que al fin de la noche comienza aclarar el día.
Y un día con otro día son dos mundos diferentes,
dos orillas en el río dónde el recuerdo es un puente.
En el camino el recuerdo se diluye con el tiempo
diciendo nada perdura, como si él fuera un ejemplo.
Deja de quejarte entonces corazón acostumbrado
a ver la mitad azul y la otra mitad morado.
Admite lo que te toque con sonrisas en los labios,
acepta las alabanzas, no rechaces los agravios.
Y al final verás más tarde que hiciste lo que tenías
en las noches calurosas y las mañanas más frías.
Y si el tiempo no perdona, tampoco guarda rencor:
Somos los únicos dueños del infierno y el amor.