DONDE LA NOCHE GUARDA EL DESEO
No sé qué nombre darle a esta noche
que llegó sin llamar a mi puerta,
dejando sobre mi piel
el temblor de una pregunta.
Había silencio alrededor,
un silencio profundo,
como si la casa entera
hubiera cerrado los ojos
para no descubrirnos.
Y entonces te miré.
Tus ojos tenían esa tristeza
que conocen los hombres
cuando han perdido demasiado
y todavía esperan encontrar
un poco de amor.
Me acerqué lentamente,
sin saber si buscaba tus manos
o solamente la sombra
de aquello que alguna vez soñé.
Tú no dijiste nada.
Pero en la quietud de tu rostro
había una palabra encendida,
un secreto que pasó de tus ojos
hasta mi corazón.
Después llegó el abrazo.
No fue un relámpago:
fue una llama pequeña,
creciendo despacio
entre dos soledades.
Sentí que el mundo quedaba lejos,
que las horas abandonaban su camino
y que solamente existíamos
bajo aquella lámpara cansada,
como dos viajeros
que por fin encuentran refugio.
Tu cercanía tenía
el calor de una tarde de verano.
Mi corazón, perdido durante años,
volvió a reconocer su propia música.
No pregunté si estaba bien,
ni quise saber qué nombre
tendría mañana aquello.
Hay momentos que nacen
sin pedir permiso a la razón
y pasan por nuestra vida
como pasa el viento
sobre un campo dormido.
Aquella noche
no hubo promesas.
Sólo dos almas
temblando en la oscuridad,
dos cuerpos buscando calor,
dos silencios que se entendieron
sin necesidad de palabras.
Y cuando la madrugada
dejó una claridad pálida
sobre las paredes,
comprendí que el deseo
también puede tener tristeza.
Te miré dormido
y sentí dentro del pecho
esa antigua contradicción
de quien ha encontrado felicidad
y al mismo tiempo teme perderla.
Quizá mañana
la culpa levantará su voz.
Quizá volveré a caminar
por las calles conocidas
con el corazón lleno de preguntas.
Pero esta noche permanece.
Como permanece en la tierra
el perfume de la lluvia,
como queda en los labios
la memoria de un beso,
como queda una estrella
cuando ya no la vemos.
Y si aquello fue un pecado,
que lo juzgue la mañana.
Yo solamente sé
que durante unas horas
la soledad dejó de ser mi casa
y tu abrazo
fue el lugar donde mi corazón
dejó de tener miedo.
—Luis Barreda/LAB
Glendale, California, EUA
Octubre, 2018.
Género: poesía lírica
Forma: verso libre