EL HOMBRE PERFECTO
Señoras y señores…
les presento al hombre perfecto.
Soy el hombre perfecto,
lo dicen mis amigos,
que son tan golfos como yo
y mienten por el mismo motivo.
No ronco, no fumo, no bebo…
Roncar, solo dormido;
lo demás, cuando hay motivo.
Y si no lo hay…
¡ya lo pongo yo!
¡Soy el hombre perfecto,
perfecto de verdad!
Si algo sale mal,
la culpa es de los demás.
¡Soy el hombre perfecto,
qué difícil de encontrar!
Tengo todos mis defectos
en perfecto estado,
¡y no los pienso cambiar!
Sé escuchar a una mujer:
asiento, miro al techo
y pienso en otra cosa.
Sé cocinar, sé fregar los platos
y sé entrar a las cuatro de la mañana,
descalzo, con los zapatos en la mano
y cara de santo
que no ha hecho nada.
¡Soy el hombre perfecto,
perfecto de verdad!
Si algo sale mal,
la culpa es de los demás.
¡Soy el hombre perfecto,
qué difícil de encontrar!
Tengo todos mis defectos
en perfecto estado,
¡y no los pienso cambiar!
Jamás reviso tu teléfono,
¿para qué?
Si ya lo hice ayer
mientras te duchabas.
No soy celoso, mi amor,
soy un curioso con derechos:
quién te escribió,
por qué te escribió
y qué carajo quería
ese hijo de puta.
Soy romántico:
flores cuando la cago,
bombones cuando la cago otra vez
y, cuando ya no hay remedio,
una disculpa
con cara de perro apaleado.
¡Soy el hombre perfecto,
perfecto de verdad!
Cuando meto la pata,
sé pedir perdón…
¡si me conviene, claro está!
Tengo todos mis defectos
en perfecto estado,
¡y no los pienso cambiar!
Soy un hombre moderno,
comparto las tareas de la casa:
tú las haces
y yo te hago compañía.
Nunca digo:
«Yo soy así».
Eso es de gente sin recursos.
Yo digo, con la mano en el pecho:
«Tú no me entiendes».
Tengo principios, sí,
con cláusula de rescisión.
Tengo valores
y algunos
están de rebajas.
¡Soy el hombre perfecto,
perfecto de verdad!
Tengo principios baratos
y valores en liquidación.
Tengo todos mis defectos
en perfecto estado,
¡y no los pienso cambiar!
Si quieres uno como yo,
avísame temprano…
¡que quedan pocos
y todos están ocupados!
Y si un día me dejas,
no pienso perseguirte.
Tengo mi orgullo
y un bar abierto hasta las seis.
Primero me preguntaré,
muy serio,
qué demonios hiciste tú mal.
Y luego, ya borracho…
te lo pregunto otra vez.
¡Soy el hombre perfecto,
perfecto de verdad!
¡Soy el hombre perfecto,
qué suerte tienes, ¿verdad?!
Tengo todos mis defectos
en perfecto estado,
¡y no los pienso cambiar!
Si algún día me abandonas…
¡tú te lo pierdes!
Bueno…
eso digo hasta la segunda copa.
¡Después pregunto si vas a volver!
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LA PESADILLA
Wcelogan
Ella duerme.
No sabe
que alguien se ha sentado sobre su pecho
y que una criatura oscura
le pesa más que todos sus sueños.
Tiene los brazos caídos,
el vestido vencido sobre la cama
y la boca entreabierta
como si hubiera querido decir algo
antes de quedarse dormida.
No está sola.
No parece tener prisa.
Quizá conoce sus sueños
mejor que ella.
Al fondo,
un caballo asoma la cabeza
por encima de la cortina.
No relincha.
No huye.
Solo mira,
como si hubiera visto aquello antes.
Nota:Este poema nace de una relectura poética y contemplativa de La pesadilla (1781), el emblemático lienzo de Henry Fuseli.