Eres la fuerza indomable de un río embravecido,
el caudal de una tormenta que despierta la pasión,
eres la savia que nutre mis sueños más escondidos,
y la luz que enciende el fuego dormido en mi corazón.
Eres la raíz profunda de mis dulces quimeras,
la tinta que se derrama al nacer la inspiración,
la tentación que florece en todas mis primaveras,
y el fuego que me hace tuyo, sin defensa ni razón.
Eres el verso infinito que mi pluma va trazando,
la poesía que se entrega al misterio de tu piel,
cada línea es un suspiro que por ti voy dibujando,
cada palabra, una promesa; cada estrofa, un laurel.
Y cuando el deseo despierta en la noche enamorada,
cuando tu voz es suspiro y tu piel, dulce canción,
mi alma pronuncia tu nombre en la penumbra callada,
y el universo se rinde ante nuestra pasión.
Solo a ti te pertenezco, mi musa, mi dulce destino,
tuyos son mis pensamientos, mi ternura y ansiedad,
eres la flor perfumada que embellece mi camino,
y el motivo más sublime de mi eterna fidelidad.
Quiero escribir en tus sentidos poemas encendidos,
con la pasión de mis versos recorrer tu inmensidad,
ser el eco de tus sueños, el refugio de tus latidos,
y beber de tus labios el néctar de la felicidad.
Tu sonrisa abrió las puertas de mis más bellas utopías,
y volvió realidad aquello que soñaba mi ilusión,
hoy mis ojos se iluminan con tus dulces melodías,
y al contemplar tu figura se arrodilla el corazón.
Llegaste hasta mi destino como llegan las estrellas,
sin anunciar tu presencia, pero llenándolo de luz,
y desde entonces, mujer, mis noches son más bellas,
porque el norte de mi vida, desde entonces, eres tú.
Ahora sé que existe magia más allá de lo soñado,
que hay encuentros que la vida escribe con eternidad,
que dos seres pueden hallarse aun con el mundo callado,
y crear un universo donde habite la felicidad.
Y si un día nuestros años platean nuestros cabellos,
y el tiempo deja sus huellas sobre nuestra humanidad,
seguiré mirando tus ojos como al cielo y sus destellos,
y amándote como el día de nuestra primera verdad.
Porque tú eres mi musa, mi pasión y mi poesía,
la mujer que dio sentido a mi manera de soñar,
eres el sol que ilumina las tinieblas de mi día,
y el motivo más hermoso que mi pluma ha de cantar.
Y allá, en el infinito del inmenso firmamento,
donde las estrellas brillan sin principio ni final,
nuestro amor será la llama que desafíe al tiempo,
¡la estrella más ardiente, más hermosa y eternal!
Porque mientras viva el verso y mi corazón palpite,
mientras quede entre mis manos una palabra por nacer,
mi pluma escribirá tu nombre, aunque el tiempo me limite,
y en cada poema, mi musa, te volveré a querer.
EL ERMITAÑO SOÑADOR