Espantapájaros

Concesión

Moría en voz alta,
su imagen era una mancha.
 
Una oveja en apariencia,
un aullido para cada ocasión.
 
Con bondad intermitente,
era sed o represión.
 
Era su jaula,
con cerrojo desde adentro.
 
Se extirpó la cordura
cuando se reconoció en su origen:
con filo cercenó el lazo.
 
Se pensó bifurcado
y no volvió más.
 
Tenía ojos de pozo
que no abrevan el perdón.
 
Cedía solo si huía:
esa era su concesión.