beirre

Herbario del desamor

Son tus ojos mi morada, 

mi querencia y mi cobijo; 

soy la alondra desolada 

que se desangra en su nido.

 

Quiero tus manos, en mi pecho

con su clemencia de trigo; 

que me rescaten del fuero 

de no encontrarme contigo.

 

Que me recojas, silente, 

del rigor de mi extravío, 

y me acaricies la frente 

como a la mies el rocío.

 

No es luz que se aglomera

en mi entraña pecadora: 

es ponzoña prisionera, 

es vergüenza que devora.

 

Y aunque mi sombra te nombra 

con su dicción más sombría, 

hay un pájaro en la sombra 

que aún te ofrece su agonía.