MariMari11

La mujer canĂ­bal

Hay un hambre que no nombro,

Un hambre que llega de noche.

No hace ruido.

No golpea las puertas.

Solo se sienta junto a la cama y espera.

Una sombra detrás de los labios,

Un deseo que mira hacia adentro.

No sé si quiero apagarlo o abrirle la puerta.

A veces lo escondo bajo la piel,

Como si el silencio pudiera domesticar lo que insiste en crecer.

¿Qué hago con este apetito?

¿Lo encierro hasta que se vuelva ceniza o lo dejo salir?

Sin saber dónde termina el deseo y donde comienza el abismo.

Quizá quiere devorar el miedo, la distancia, la necesidad de fingir que no desea.

Y permanece allí, frente a su propio espejo, con la boca entreabierta, y las manos inmóviles, preguntándose si contener el hambre también es una manera de desaparecer.

Podría dejar que el deseo se pudra dulcemente dentro de ella hasta convertirse en un sueño.
 
-María Paz-