Enmascaradodelapoesia

🤍 Que Tu Luz Sea una Estrella

El mejor regalo que yo podría desear para ti

es que cada uno de tus momentos más tiernos,

cada gesto silencioso, cada risa que diste sin esperar nada,

se convierta en versos que el tiempo no borre.

Y que el universo entero los recoja con cuidado,

para hacer de ellos una estrella nueva en el cielo,

que brille por siempre, porque nació de ti.

 

Tu camino empezó con pasos sencillos,

los años de tu infancia quedaron escritos

no en libros, sino en el alma de quienes te conocieron:

con tinta de bondad, de paz que se respiraba,

de unión que acoge y amor que no exige,

espacios cálidos que aún viven en tu corazón.

 

Eres fuerte, eso lo sabe quien te ha visto en días grises,

y sin embargo eres suave al hablar, al tocar, al estar.

Una guerrera que no necesita levantar la voz

para que se respete lo que es justo y verdadero.

Sabes sostener lo que se cae,

defender al que no puede solo,

y en medio de la tormenta,

eres capaz de tender la mano y decir:

“podemos intentar entendernos, con amor”.

 

Pero también hay noches, ¿verdad?

Días en que el silencio no es paz, sino vacío.

En que el peso de todo se vuelve demasiado,

y lo que callaste por cuidar a otros

se desborda en lágrimas cuando estás sola.

Y aunque te sientas pequeña ante todo eso,

hay una luz en ti que no se apaga nunca del todo:

esa llama que te dice “sigue, aún vale la pena”,

que enciende tu espíritu y te devuelve el aliento,

haciéndote fuerte otra vez, mañana tras mañana.

 

Das sin contar. Das tu tiempo, tu paciencia, tu energía.

Escuchas cuando nadie te escucha a ti.

Y a veces te vacías tanto de ti misma

que olvidas que también tú necesitas ser llenada.

Esa música interior que es tu armonía, tu esencia,

se apaga un poco cuando te das entera a todos,

hasta que apenas te queda nada para ti.

 

Pero entonces llega ese momento tan tuyo:

el reencuentro con quienes realmente te valoran,

esos momentos felices por los que has luchado tanto.

Y ahí, justo ahí, vuelves a encontrarte contigo.

Recuperas tu brillo, tu sonrisa, tu fuerza.

Entiendes que todo lo que has hecho tenía sentido,

y esa certeza llena tu alma de una esperanza tranquila,

sólida, real.

 

Y está bien, no te pidas ser fuerte siempre.

También tú necesitas, como todos,

ese abrazo que no pregunta nada, solo abraza.

Esa palabra suave que te diga: “descansa, ya hiciste bastante”.

Esa mano que te sostiene cuando sientes que flaqueas.

Porque tú también eres humana, también tú te cansas,

y necesitas saber que no siempre tienes que ser quien da.

Que también puedes recibir, que también puedes ser cuidada.

 

Que esa estrella que nace de tus días más bellos

brille siempre para recordarte lo que vales:

que eres luz, que eres amor, que eres fuerza y ternura juntas,

y que el mundo es mejor porque tú estás en él.