SOL NACIENTE
Este rutilante sol naciente,
corre y se extiende travieso.
Entre riberas que siguen
secretas montañas.
Tan inmersas en solitaria vastedad.
▪
Donde se sorprende...
ese andante camino.
Que de algún modo irónico...
Se sigue perdiendo en el polvo,
de la imprecisa distancia.
Que descuelga pronto...
un onírico barniz más tenue.
Confundiendo al mismo véspero.
Que oscurece... ¡ ahora !
con seria negrura.
Un enrarecido cielo displicente.
▪
Mientras se va dibujando,
estelar sombra nocturna.
Sobre la quietud extensa,
del predominante campo.
Que también anhela urgente rocio,
con transparencia temprana.
▪
Quizás incitando un sueño cercano con diferente fragancia esperada.
Esos vastos prados han vencido,
el calor que los abraza.
Mientras solemnes sombras
se han marchado en silencio.
De la temida oscuridad...
Que carece de ese simple
roce tibio, ¡ que acaricia !
Durante cada claridad de alba.
▪
Es cuando aquí... se ennoblecen, fecundas y prontas ilusiones.
Que alumbran sabia esperanza.
Junto al confidente hechizo,
que trae profusa calma.
Mientras impregna dulzura,
cada subliminal albura estelar.
Que sabe, paciente...
¡ Como destilar !
cada gota mineral.
▪
Cada vez que la vida se aferra,
como indomable huella viva.
En la resurgida tierra grávida,
que resiste y suda confianza.
¡ Soplando entonces...!
garbosa magia repentina.
Sobre umbrosos montes,
con siluetas... ¡ que intrigan !
La gravedad que resiste.
•
¡ Reteniendo quizás...!
ansioso clamor.
Contra el asolado horizonte,
que distante se nubla.
Se rinde ahí... ¡ un reflejo difuso !
que no distingue aún.
La claridad precisa,
que sorprende con atisbo.
Al asomado... ¡ todavía día !
▪
Quizás emergiendo solitario,
como descalzo de emociones
Está ese momento efímero,
que no entiende de dolor.
Cuando detrás de la muda sombra.
Siempre se queda quieta,
una extasiada flor.
Que respira silenciosa...
mientras espiga su postura.
▪
Mientras conturbada,
la mirada marchita.
Soslaya la sombría delgadez,
de un intrincado cansancio.
Que predice un menguado encanto.
Que se hace vacilante también,
en cada suscitada existencia.
▪
Quizás es doblegada, allí...
La impaciencia subyacente,
del desgastado hastio.
Cuando languidece también,
por un fragmento de tiempo.
El rozagante semblante,
de la encendida pradera.
Desde cualquier rezagado evento.
▪
Rehuye también...
esa intensa hora inevitable.
Que callada suplica...
por volitivo alivio.
Entre marchitos atardeceres.
Que adormecen el ardiente
y rendido follaje.
Desde cada hoja seca.
▪
Revive otra ligera ilusión,
que atrapa intensa fascinación.
¡ Cuando mirando estoy...!
la aridez de los montes.
Donde encuentro, ¡ ahí !
extendidas noches...
Que ocultan el prolongado
vuelo del verano.
Con serenidad perpleja.
▪
Donde sopla todavía,
divagante agonia.
Que se va confundida,
de la retraída tarde.
Tan alejada de la débil voz...
que ahora se quiebra.
Durante un tiempo que expira,
como evaporado polvo.
Que no pide tregua.
▪
Donde Pronto abraza,
aliciente destreza retraída.
Arraigada a una impasible ímpetu, sobre cada ardiente paisaje.
Cuando recuerda otoños fecundos.
Que hacen que el corazón
se vuelva inquietante.
Autor....Consuelo Sanchez