O.D.A

Campo del silencio

Arde el cielo muy temprano

y el vaho de sombra tostada

abraza la serenidad del aura

como la calma antes de tormentas,

las luces ciegas comparten rumbos

hacia el campo del silencio,

en el abismo no se encuentra nada

del albor taciturno, ni las piedras

caídas de los escombros se asemejan a esta lágrima,

se quiebra el eco de una antigua queja

rodeada de razones simuladas y el testigo

del sueño rompe la caída en un reloj,

mientras la niebla devora los caminos

el cielo ya no arde, llora abismado

sobre sus tendones lacerados .

 

Hay algo confuso, bifronte, intangible,

en las pasarelas de las primaveras,

el tiempo y es el silencio vago

que cruza el río de los espejismos,

caduca el aura gota a gota en un fregadero

y sobre balsas sin retorno

las estrellas duermen profundas,

solitarias, frías, desaparecidas;

las escaleras descienden en trajes de lirio negro

hacia un olvido que no guarda nombres,

ni montañas, ni la primavera que vio nacer,

tal vez el olvido es el siguiente camino

de toda este velo que enluta,

la sombras son el único faro

que orienta a los perdidos

y el latido del mundo se detiene

por un instante hasta que las piedras caigan.

 

Se encienden las velas en el cenáculo,

reunidas las máscaras y los trajes rotos

con una flor y unas lágrimas,

la tristeza gotea en plumas negras

y sobre ojos nocturnos los mares revueltos,

el plan del destino aguarda en las manchas

del tiempo, en la agonía que desemboca

en los llantos que se agasajan en el pecho,

mientras la última llama tiembla y muere

los fantasmas del olvido se apoderan de la mente,

dejando el rastro de un dolor eterno

propio de los caminos que se atraviesan irremediablemente,

bajo el manto de una noche sin memoria

abriré mis ojos hacia el horizonte oculto