Quiero ser incendio que queme tus vestiduras,
mano que dibuje en tu piel nuevas fronteras,
donde el deseo sea el mapa y el sudor la guía,
en este viaje de placer y osadía.
Romper los cerrojos del miedo y la vergüenza,
y entregarnos a la pasión que nos abraza con fuerza,
mientras las miradas hablan lo que las palabras callan,
hasta que los cuerpos se enredan y ensayan.
Seré el pirata que asalte tu templo más sagrado,
buscando el tesoro escondido entre tus muslos deseados,
cada beso será un pacto de lujuria y pecado,
cada caricia, un incendio, de fuegos desbocados.
No hay límites en esta danza de placer y desenfreno,
donde los cuerpos se funden como el sol y el verano,
y que el atrevimiento sea nuestra bandera,
nuestro grito de guerra, juntos en confines cualquiera.
Así que toma mi mano y déjate llevar,
al lugar donde los instintos se vuelven ley sin par,
devorémonos la piel en este incendio sinfín,
donde no existen reglas, ni principio ni fin.